Dos meses después

Llevé a cabo el acto de mendigar el pasado 11 de Noviembre de 2011. Me decidí a escribirlo cuatro días después, el 15 de Noviembre. En las 48 horas siguientes llegaron a este blog más de 10.000 visitas que dejaron unos 150 comentarios en el post, 500 personas lo compartieron en Facebook, hubo más de 300 menciones en Twitter y me llegaron cientos de mails a través del formulario de contacto. Mi relato se reseñó en la versión online de ABC y hasta me entrevistaron en La Nit en Blanc de Punto Radio.

Tal reacción me sobrepasó ámpliamente. Hubo respuestas de todos los tipos dentro del espectro: desde personas que me decían que era lo mejor que habían leído nunca, a gente que se tomó la molestia de escribirme sólo para insultarme. Intenté responder a todos y todas: daba igual el contenido de su mensaje, daba igual que hubieran entendido que la finalidad del acto era el superarme y no el ponerme en la piel de un mendigo o no lo hubieran entendido; el caso es que habían reaccionado, algo de mi experiencia les había tocado, y así me lo hacían saber. A todos sin excepción, muchísimas gracias de nuevo.

Dos meses después han pasado muchas cosas. Me gustaría explicar unas pocas de ellas respondiendo a quienes me dijeron algo en su momento:

  • A todos los que me decían que les gustaría saber cómo me ha ido la vida, les diré que hace un mes que tengo un nuevo trabajo de oficina, a media jornada, que me permite completar ingresos y seguir trabajando como freelance para poco a poco seguir devolviendo las deudas. En ese aspecto, estoy bastante más tranquilo. Muchas gracias. :)
  • A los que me decían que si me sentía culpable diera todo el dinero que recaudé a mendigos de verdad, les acabaré de explicar lo que no expliqué en el relato: aquel día, en aquellas dos horas, me dieron unos 10 euros. Compré el billete de vuelta y un dulce (como ‘autorecompensa’) y el resto se lo di a un hombre que pedía tocando la flauta en el tren de vuelta. Ese fue el primero desde aquel momento. Desde entonces, he hablado con cada mendigo que me he encontrado en mi día a día. A todos les he ofrecido comida y les he preguntado su nombre. Unos han aceptado, otros no, la mayoría me han mirado con una mezcla de desconfianza e incredulidad. Con los que me han aceptado la comida he hablado un rato, igual que hizo Jose conmigo; así he conocido (o he creído conocer, ya que cada uno me habrá explicado lo que haya querido: yo recuerdo muy bien la vergüenza de explicar por qué estás en la calle) a inmigrantes que han llegado aquí sin saber lo que les esperaba, personas enganchadas a alguna droga, vagabundos de larga duración, parados repentinos, desahuciados… He aprendido cosas que no sabía, como que cualquiera puede pedir un asistente social que intentará ayudarle. La gran mayoría de gente en la calle ni siquiera lo sabe, así que he procurado decírselo a todo el que podía serle útil. Y como ya explicaba en el relato, en el fondo todo esto lo he hecho, lo hago y lo seguiré haciendo por mí, más que por ellos: no seré más el juez de nadie, así que no voy a juzgar a quién me pide. Sólo seguiré tratándolo como la persona que es y ejercitando la compasión. Es decir, haciendo lo que creo que todos deberíamos hacer.
  • A los que elogiaban mi forma de escribir también quiero darles las gracias, ya que gracias a ellos me he animado a sacar tiempo para seguir escribiendo mis experiencias… y darles formato de ebook. Actualmente se puede encontrar el relato de Mendigando en Barcelona en Amazon y Smashwords. Obviamente, cada compra es una ayuda: a sacar tiempo para seguir escribiendo y a solucionar los temas económicos pendientes. De todas formas, creo fervientemente en el ‘lo que das te lo das’ y que hay que concentrarse en la obra y no en el fruto, así que siempre se podrá leer gratuitamente aquí lo que vaya publicando en formato de ebook. Para mí es más importante decir lo que quiero decir que lo que pueda ganar gracias a ello… ¡aunque tampoco soy tonto y aprecio el fruto de mi trabajo!
  • A los que me han hecho llegar mensajes de odio, me han insultado, han puesto en duda la veracidad del relato o no han entendido cual era el objetivo del acto, también quiero darles las gracias. Es difícil apreciar qué parte de uno has tocado cuando alguien te muestra agradecimiento, pero es muy fácil saber en qué llaga has metido el dedo cuando alguien se queja o te ataca. Gracias a esos mensajes, me he dado cuenta de hasta qué punto podemos estar viviendo en una burbuja de generalizaciones, prejuicios o ideas implantadas, y hasta qué punto es doloroso desprenderse de todo ello. Nos encontramos con algo que nos rompe los esquemas, y muchas veces es más fácil simplemente atacarlo que plantearse que los equivocados somos nosotros. No sé quién decía aquello de ‘mejora en tí lo que te molesta de los otros‘ (aunque sí sé quién decía lo de ‘sé el cambio que quieres ver en el mundo‘: Gandhi), pero la verdad es que acertaba completamente. Somos espejos. En resumen, puedo darle las gracias a cada comentario negativo porque en el fondo, sin quererlo, esas personas se han desnudado frente a mí y me han dado la oportunidad de tocar de verdad en una parte sensible a todo aquel que me ha dado una opinión parecida.
  • A los que me han animado a seguir haciendo actos, decirles que en ello estoy. Como ya explicaba, si algo me da miedo o me hace sentir bien, intentaré hacerlo: si me da miedo, para superarlo, y si me hace sentir bien, para disfrutarlo. Pronto podrán leer por aquí otras cosas que he hecho y haré.
  • Finalmente, a todos los que me decían que gracias al relato se planteaban hacer cosas parecidas, enfrentarse a sus miedos: GRACIAS. Que una sola persona se lo hubiera planteado habría sido más que suficiente para darme por recompensado por haber dado a conocer el acto; que hayan sido varios los que me lo han dicho… me sobrepasa. Es un honor que no creo merecer: hice lo que hice por mí. Es una maravilla ver que no soy el único que se harta de ser un cobarde. Otra vez, finalmente, muchas, muchísimas gracias.
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7 Comentarios

  1. Escrito el 20 enero, 2012 a las 8:35 | Enlace permanente

    Esta vez no he llorado, lo cual se agradece mucho, la verdad. Yo creo que el origen de nuestros males está en la represión, a menudo porque creemos no merecer que nos pasen cosas buenas. Por eso enfrentarnos a nuestros miedos es a menudo enfrentarse también a nuestro autosabotaje. Leí el otro día al Jodo decir que la vida sería muy triste si no pudiéramos darnos caprichos de vez en cuando. Quizá toda la vaina vaya de quererse un poquito más, mimarse, y sintiéndote mejor podrás también querer un poquito más al prójimo. Aunque suene tan cursi como poco original, quizá todo lo que necesitemos sea amor. PD: Le debo una crítica de su ebook, SrMutante ;-)

    • Escrito el 23 enero, 2012 a las 23:51 | Enlace permanente

      ¿Cómo era aquello que se le atribuía a Corzo Cojo…? Ah, sí:

      “No soy un borracho,
      pero tampoco soy un santo.
      Un hechicero no debería ser un “santo”…
      Debería poder descender tan bajo como un piojo y elevarse tan alto como un águila…
      Debes ser dios y diablo a la vez.
      Ser un buen hechicero significa estar en medio de la tor­menta y no guarecerse.
      Quiere decir experimentar la vida en todas sus fases.
      Quiere decir hacer el loco de vez en cuando.
      Eso también es sagrado.”

  2. Escrito el 20 enero, 2012 a las 15:00 | Enlace permanente

    Gracias nuevamente a ti, por tu reflexión, por tus ganas, por ser humano sobre todo.

    Un abrazo

  3. Escrito el 27 enero, 2012 a las 21:51 | Enlace permanente

    Puritita psicomagia.

    Olé tus miedos @SrMutante.

    Te mando un abrazo gordo.

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